"Pratibha", "sahaja" y "samarasa"
Hay tres palabras en sánscrito
que forman gran parte de la estructura esencial de la que dependen la realización
y la liberación. Dattatáreia las usó mucho, y se repiten constantemente en los Ágamas tántricos y no-védicos. Por
extraño que parezca, rara vez estas palabras se utilizan en la vida hindú
contemporánea, a pesar de que existen como palabras en la mayoría de los
dialectos hindúes. Ninguna de las 3 se pueden traducir a una sola palabra en español,
pero afortunadamente este idioma es lo suficientemente rico para transmitir los
significados con una intensidad aún mayor.
Las tres palabras son pratibha, sahaja y samarasa. Cada una de ellas debería explicarse por separado, quizá
en el futuro. Estas palabras no solo
poseen una belleza original y un encanto muy suyo, sino que representan también
tres grandes escalones hacia la Realidad Absoluta.
Pratibha
Significa visión, discernimiento,
intuición, comprensión interna, conocimiento no-condicionado, sabiduría
interna, vigilancia, despertar. En el zen usan la palabra satori, la cual no debe confundirse con iluminación o realización.
Patanjali [siglo III a. de C.], en un maravilloso libro de texto teórico sobre
diversas prácticas del yoga conocido como Aforismos
del yoga o Yoga-sutra, ve a pratibha como iluminación espiritual,
alcanzada mediante la disciplina del yoga para habilitar al discípulo para
conocer todo lo demás.
Es entonces el discernimiento o
la iluminación la puerta que conduce al propósito final. Es la transformación
interna la que habilita al aspirante para distinguir la Realidad de la
imitación. De alguna manera se puede visualizar a pratibha como un puente entre la mente y el Ser Real. Pratibha produce a personas cambiadas y
claridad de pensamiento, y también es una guía infalible en cualquier empresa.
Algunas personas nacen con ella; pero esto rara vez ocurre, y en un grado menor
que pequeño.
Inclusive, esta habilidad nata
puede oscurecerse por causa de la vida social y sus condicionamientos. No puede
prosperar en un mundo donde les permitimos a los demás pensar por nosotros.
Mientras más se use, más aumenta su intensidad. Pratibha
no se relaciona con el pensamiento ponderado o deliberado. Es instantánea al
operar y espontánea al manifestarse. Solo aquéllos que buscan la Budeidad o la
Iluminación van más lejos. Aunque esta parte ubicada “más allá” es también una
etapa la cual, si alguna vez se alcanza, no requiere más de un guru o maestro
realizado. Algunas veces se refieren a ella como pratibha-shkati, “el poder de la iluminación”. Se desarrolla con
mayor facilidad por medio de la meditación o de la contemplación, y es
independiente de todos los patrones religiosos.
Pratibha no es ni siquiera un concepto
espiritual. Aquellos que han desarrollado esta facultad tienen mayores
probabilidades que los demás de conseguir sus propósitos en el mundo material.
El Japón moderno sostiene que los grandes nombres de la industria y el comercio
actuales fueron una vez estudiantes de éxito del zen. Dattátreia usa la palabra
frecuentemente en el Avadhuta gita para
demostrar que las ideas difíciles y los enigmas que no son fáciles de
comprender se despejan instantáneamente para aquel discípulo que haya
desarrollado la facultad interna del discernimiento-iluminación conocida como pratibha.
Pratibha es el verdadero Divya Chaksus
—el Tercer Ojo que tanto ha cautivado a las aspiraciones místicas de Occidente.
No es realmente un “ojo”, más bien es una visión prodigiosa o conocimiento
capaz de extraer las gemas del misterio y del conocimiento del universo
inmaculado. Es la Piedra Filosofal que posee el poder divino de transmutar el
mundo sórdido del plomo inferior en una masa dorada de prodigio y armonía. Pero
solamente cuando se desea, se obtiene.
Sahaja
Cuando revisamos la extensa
procesión de marginados desnudos, harapientos, desgreñados que iluminaron los
transcursos deprimentes de la historia para legar la sabiduría sobre la que las
mentes inferiores pudieran ponderar, ¿no tenemos motivo para admirarnos? ¿Qué
hizo a estas personas tan diferentes de las personas producidas por la masa, de
la multitud turbulenta que habita la tierra? La respuesta se encuentra en que
los marginados mencionados tenían a sahaja.
El humano nace con un instinto
para la naturalidad. No ha olvidado nunca los días de perfección primordial, pero
esta memoria ha quedado sepultada bajo las superestructuras de la civilización
y sus conceptos artificiales. Sahaja significa “natural”. No tan solo
implica naturalidad en los niveles físicos y espirituales, sino en el nivel
mísitico de lo prodigioso. La palabra significa ese estado agradable o natural
de vivir sin planear, diseñar, maquinar, anhelar, desear, esforzarse o
empeñarse.
Lo que va a venir, tiene que
venir por sí solo. Es la semilla que cae en la tierra, se convierte en
pimpollo, árbol joven y luego en un árbol amplio y frondoso del cual el higuero de la India o ashvatta es
ejemplo clásico y se usa en la enseñanza de la sabiduría. El árbol crece según sahaja, natural y espontáneamente, en
completa conformidad con la Ley Natural del Universo. Nadie le dice qué debe
hacer ni cómo crecer. No tiene nungún tipo de svadharma o reglas, deberes y obligaciones contraídas por el
nacimiento. Solamente
tiene el svabhava, su propio ser
congénito o esencia para guiarlo.
Sahaja es aquella naturaleza que, cuando una vez se establece,
trae un estado de absoluta libertad y paz. Está cuando uno se encuentra en su
estado natural, en armonía con el cosmos. Es la realidad equilibrada entre los
opuestos. Como dice el Gurú del Bhagavad
gita: “La persona que ha vencido al ser inferior y ha llegado al nivel del
autogobierno: está en paz, lo mismo en el calor que en el frío, en el placer
que en el dolor, sea honrado o deshonrado”. Así sahaja
expresa a aquél que ha vuelto a su estado natural, libre de condicionamientos.
Tipifica la perspectiva que pertenece al humano natural, espontáneo y
desinhibido, libre de defectos innatos o heredados.
En
todos los Dharmas Dorados, sahaja
florece. En el taoísmo era la virtud superior (re). En los antiguos documentos del zen es la plataforma de
adiestramiento a lo largo de la cual los discípulos debían caminar. Los maestros
exigían respuestas que fueran sahaja,
y no el producto del pensamiento intelectual o de la razón. La verdad solamente
venía de manera espontánea.
Sahaja en chino se convirtió en tzu-jan o Ser-así. El taoísmo se lamentó abiertamente por la
pérdida de la naturalidad y de la falta de cohibiciones del niño. Lao-Tsé vio
que la ética de Confucio (que tiene su contraparte en el mundo moderno)
trituraba la hermosura original y natural del niño en patrones rígidos y
convencionalismos.
Retirarse
de una sociedad como esa se convirtió en
el símbolo externo de liberación de las ataduras y confusiones de la sociedad
convencional. El taoísmo, al igual que el Brahma-Vidya y el zen, vio el retiro
o la renunciación como la manera única y posible para los humanos de recuperar sahaja. Así, la mayor cualidad de ser
niños de nuevo fue recapturada por los santos y sabios.
Los
payasos artificiales atestan el mundo: solo los niños y los santos conocen sahaja.
Dattátreia
probó a todos los seres humanos que si se tenía sahaja, no habría ninguna necesidad de demostrarlo. Se manifestaba
solamente en la manera en que se vivía.
Sukhadev, el gran Mahatma que
interpretó el Bhagavan purana, permaneció,
cuando joven, desnudo en la presencia de su padre, el sabio Vyasa, para
iniciarse en la casta de los brahmanes, con el mantrta y el cordón sagrado. Este
fue un momento por el estilo de los que hemos mencionado, cuando el niño
natural no corrompido iba a ser introducido a un mundo de conceptos, ideas y
obligaciones, y toda la naturalidad se perdería. Sukhadev tomó la decisión de mantener su sahaja. Puso los pies en polvorosa, corrió de la casa y tomó el
sendero que se enrollaba a lo largo de un río y se adentraba en la selva.
Cuando llegó al río, unas jóvenes
se bañaban en el agua. No notaron a Sukhadev, y él solamente les lanzó una
mirada y siguió corriendo. Pero Vyasa, el padre, le iba pisando los talones,
para persuadirlo a que regresara. Pero cuando Vyasa se acercó al río, las
jóvenes gritaron, corrieron a buscar sus prendas de vestir y se cubrieron
cuando Vyasa se les acercaba más. Habiendo observado la completa indiferencia
de las jóvenes cuando su hijo les pasó de lado, y la modesta pero demostrativa
exaltación ante su propio acercamiento, Vyasa no podía evitar sorprenderse con
el contraste.
Se detuvo ante las jóvenes que
ahora se cubrían, y les pidió una explicación por un comportamiento tan
excesivamente diferente hacia su hijo y hacia su decorosamente vestida
persona. Una de las mujeres explicó:
“Cuando su hijo nos mira, él ve solamente a personas y no es consciente de lo
masculino y lo femenino. Él es tan inconsciente de nuestra desnudez como él es
de la suya propia, pero con usted, Maharaj Vyasa, es diferente”. Sukhadev tenía
sahaja, y las mujeres lo sabían. Él
lo sabía, y nunca la perdió. Su padre nunca lo alcanzó, y él nunca regresó al
hogar. Se convirtió en uno de los muchos grandes santos de la India; no vivió
en ningún lugar fijo, solamente en la plenitud del presente inmediato.
Las tres palabras en sánscrito pratibha, sahaja y samarasa están
relacionadas hasta en los significados, entrelazándose entre ellas, y juntas
forman una “Santa Trinidad” de liberación. La 3ª, sin embargo, es la mayor
y, por mucho, la más interesante, porque es una sola palabra mágica que contiene
el Absoluto, el Universo y el Mundo.
Samarasa
Esta palabra única en su género,
completamente ausente en los textos védicos, se encuentra una y otra vez en la
literatura del tantra, en los Upanishads
y en la mejor literatura no-védica. En un corto capítulo del Avadhuta gita se menciona más de 40
veces. La gita completa sería
imposible de leer y comprender sin el conocimiento de esta palabra.
Uno de los aspectos más únicos pero
misterioso del idioma sánscrito es cómo muchas palabras pueden usarse en tres
niveles separados y diferentes de pensamiento. Aun los versos enteros poseen
este aspecto extraordinario. Es uno de los factores que ha hecho tan difícil
las traducciones a otros idiomas.
La diferencia presupone tres grupos de
personas. Primeramente hay un significado literal designado para los amos de
casa. El segundo es el significado en un nivel más alto, designado para el mumukshi o el buscador hambriento de Dios.
Aquí las mismas palabras llevan al lector desde el nivel mundano al nivel
superior, y a las implicaciones. El tercero es el significado designado para el
alma que ha alcanzado o está cerca de alcanzar la liberación.
Este juego de palabras no es desconocido en
otros idiomas: “Una vida de perro” tendría un significado para Diógenes de
Sinope, un amo de casa hostigado, y otro para un mismo perro. Sorprende poco
que los sabios hayan hecho advertencias en contra de las lecturas públicas de
muchas escrituras y que las hayan restringido solo a discípulos y a allegados.
Este aspecto singular hace indispensable al Sadgurú para el discípulo sincero.
Los maestros tántricos o no-védicos usaron la
palabra samarasa en su significado
mundano para sugerir la verdad superior. Samarasa
puede significar el éxtasis que se alcanza en el coito sexual en el momento del
orgasmo. Usar este ejemplo, como muchas otras cosas mundanas, para formular una
analogía entre el momento del arrobamiento sexual y el arrobamiento espiritual
de la realización, se estimó haría comprender a hombres y mujeres los conceptos
absolutos por medio de ejemplos de la vida relativa.
Yendo más alto, significa la unidad esencial
de las cosas —de toda la existencia, el equilibrio de la ecuanimidad, la dicha
suprema de la armonía, aquello que está estéticamente equilibrado, la unidad
indiferenciada, la asimilación absoluta, la unificación más perfecta y la más
alta consumación de la Unidad.
Para Dattátreia significó una etapa de
realización de la Verdad Absoluta donde no se percibiría, vería o
experimentaría más distinción alguna entre el buscador y lo Buscado. Goraksa
Nath, quien escribió los primeros textos de los nath, explica que samarasa es un estado de libertad, paz
y consecución en la realización de la Verdad Absoluta. Colocó a samarasa en un nivel más alto que el del
samadhi.
Samarasa implicaba la felicidad y la alegría con ecuanimidad y tranquilidad
perfectas, matenidas después de que el samadhi
hubiera terminado, y continuadas en la vigilia o estado consciente. En este
sentido, es una forma de éxtasis y contemplación permanentes que el santo
mantiene en todo momento. El zen sostiene los mismos conceptos, pero nada
comparable a pratibha, sahaja o samarasa se encuentra en ninguno de los Dharmas Negros del
judaísmo, ni en el cristianismo ni en el islam.
En la escuela tántrica-budista que existió durante
alrededor de 300 años, entre los siglos VII y X de nuestra era, samarasa y sahaja ocupan un lugar prominente, y fueron adoptadas también por
el lamaísmo tibetano. Las sectas de los nath y de los siddha usaron samarasa en vez de la palabra moksha. De esta manera, la palabra se
usó para expresar el ideal más elevado de la vida humana. Se pone muy en claro
en los Ágamas de la tradición
Shiva-Shakti. Samarasa no es
solamente una cuestión de una perspectiva o de un ajuste de nosotros con el
mundo y sus innumerables divisiones, o de tratar de ajustar el mundo a
nosotros. La primera cuestión termina en un condicionamiento mayor; y la otra,
en frustración. Samarasa debe considerarse
solamente como el punto culminante del yoga verdadero. El yogui genuino hace
como Dattátreia hizo —se ve a sí mismo en el mundo, y al mundo en él mismo, la
armonía más perfecta del hombre con la naturaleza. La India pagana nunca fue un
mundo de espiritualidad universal. Aunque fue la cuna de los conceptos
espirituales más elevados, los investigadores de la verdad espiritual fueron
siempre, tal como ahora, solamente una minoría. Sus grandes santos y sabios
eran menos todavía. La mayoría de las personas buscaban el mundo y las cosas
del mundo, pero aceptaban, al mismo tiempo, la autoridad de los maestros.
¿Cuántos, entonces, pudieron quizás comprender las ideas de samarasa y moksha, y quiénes eran verdaderamente competentes para considerarse
como autoridades en el difícil camino de comprender los conceptos de
realización y liberación? La respuesta estuvo en su aceptación de la sabia
autoridad de aquellas almas liberadas que habían ganado la meta. No se trataba
meramente de fe ciega, sino de la fe nacida de la confianza en aquéllos que se
habían comprometido con el yoga y que habían alcanzado la finalidad. Siempre
han existido grandes almas, y existirán en el futuro. Muchas de ellas viven y
mueren en la oscuridad. Los verdaderos investigadores las encontrarán siempre
aunque el público mundano nunca escuche de ellas.
Lado a lado de estos grandes yoguis
escondidos del mundo están los textos de sabiduría y las tradiciones de los
grandes yoguis que han venido antes. Este es el medio por el cual el
investigador verdadero desarrolla el entusiasmo para encontrar la vida.
Traducción al español de un fragmento de "The path to immortality",
de Sri Gurudev Mahendranath Paramahans